Por Isaías Muñoz

Voy a hablar de uno de los juegos de mi infancia: la matatena. Espero que ustedes sí la recuerden, porque hace apenas unos días pregunté a una joven compañera de trabajo si alguna vez había jugado y, luego de verme con un gran signo de interrogación en la cara, me contestó que ni siquiera conocía el nombre. Lo curioso es que yo he visto que todavía las venden, por lo menos en los mercados.

La matatena es un juguete que se compone de un conjunto de figuritas de plástico –o de metal, pero no es lo más común– con forma de asterisco y una pelota pequeña. Los más viejos sabemos que se jugaba incluso con piedras o huesos de frutas en lugar de los asteriscos, aunque la pelota siempre ha estado ahí. Lo primero que se debe hacer es buscar una superficie plana como una mesa o, simplificando, el suelo. Las figuras se arrojan sobre la superficie intentando que no queden demasiado encimadas ni demasiado disgregadas, ya se verá por qué. Luego se deja caer la pelota desde una altura de treinta o cuarenta centímetros y, en el momento en que bota, el jugador debe tomar una de las figuritas del suelo y enseguida coger la pelota en vuelo. La pelota no puede botar más de una vez, de ahí la dificutad. El jugador continúa su turno hasta que falla en su intento por tomar una figurilla o coger la pelota.

Parece simple, pero arrojar las figuras de tal forma que no estorben para tomar otra o que estén demasiado lejos del bote de la pelota requiere de mucha práctica y un poco de suerte. Lo mismo sucede con la pelota: se necesitan buenos reflejos y buena vista para medir la velocidad del bote y su trayectoria.

En “La matatena” gana el que logra recoger la mayor cantidad de figurillas, o todas, en un solo turno. Entiendo que la cantidad de piezas con las que se juega puede variar. En algunos lugares se usan diez, en otros doce, quince. Estoy seguro de que habrá jugadores a los que nos les importe el número de figurillas, sino divertirse. Además, el juego tiene variantes. Por ejemplo, en lugar de recoger una por una, se recoge una en el primer turno, dos en el segundo, tres en el tercero y así sucesivamente; o antes de botar la pelota el jugador dice un número y esa es la cantidad de figuritas que deberá recoger para no perder su turno.

Este es un juego absolutamente tradicional, aunque no exclusivo de México. Se practica en muchos países del mundo, en donde se le conoce por otros nombres: yaquis en Cuba, jackses en Costa Rica, jacks en Estados Unidos…, pero en esencia se juega igual o de manera muy similar. Algunos piensan que el juego procede de la Polinesia, de una práctica adivinatoria muy antigua en la que se arrojaban pequeños huesos de carnero para leer el futuro. En algún momento, la gente comenzó a dudar de las previsiones del adivino, y finalmente la práctica terminó convirtiéndose en una forma de entretenimiento popular. Por cierto, el nombre matatena proviene del náhuatl maitl, mano, tetl, piedra y tena, llenar, o sea, “llenar la mano con piedras”.

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305 Comentarios para “La matatena”

  1. Olegario Mendoza says:

    A mí nunca me tocó jugar esto. He nacido, vivido y trabajado siempre en la ciudad. Tengo recuerdos de los comentarios que mis padres o abuelos hicieron al respecto de estos juegos. Pero entre la gente de mi generación, alrededor de los treinta, nada.
    Ahora que he leído esta explicación, me resulta interesante, sería bastante bueno integrarlo en las actividades de la escuela primaria dónde doy clases.

  2. Vanessa says:

    Me encantó y me gustaría entrevistar al que lo publicó, si no les molesta voy a decir otra vez, me encantó es algo muy interesante para mí y creo que a mis alumnos les gustaría oírlo de la persona que lo publicó.

  3. Lupita López Flores says:

    El texto me causó mucha curiosidad, porque como lo menciona el autor, hay mucha gente que no lo recuerda y para ser sincera me cuento entre ellos, antes de leer el texto yo no sabía qué era la matatena,
    Creo que es necesario recuperar este tipo de juegos tradicionales en la actualidad, ya que ahora lo niños están metidos todo el día en casa convcelulares, videojuegos, computadoras y PSP, que impiden tenga la interacción con el medio ambiente y con la sociedad.
    Considero que este es un juego para niños y niñas; aunque es común que en algunas culturas donde es un juego popular, sean las niñas a quienes se les relacione participando más en este pasatiempo. Si esto es puramente cultural y no hay necesariamente un fundamento para hacer una determinación en la separación de participantes, es comprensible que la conexión temprana de la tarea de recoger y limpiar semillas o el que las piezas del juego originalmente hayan sido semillas, hayan también, efectuado el ataño. El juego se ha jugado usando semillas de tamarindo pintadas, huesos de algunas frutas, como lo dijeron algunas personas adultas.
    El autor nos menciona que no es un juego exclusivo de México, sino que se practica también en otros países como: Costa Rica, Honduras, Panamá, Perú, Colombia, República Dominicana, Argentina, Estados Unidos y Ecuador, etc. El juego tiene distintos nombres dependiendo el país en el que se realiza.

  4. Jessica Morales Flores says:

    ¡¡Hola!! me pareció muy interesante y a la vez me agradó que se retomen los juegos de antes. Soy estudiante de la Lic. en educación especial y creo que este juego nos presenta la posibilidad de adaptarle algun contenido temático. Así los alumnos se van a mostrar más interesados y claro mostrando un mayor aprendizaje.

  5. Rocxy says:

    Hola a todos, mi humilde opinión es que si todos ponemos un granito de arena para que los juegos y juguetes tradicionales siguieran vigentes, ya que además de divertir, son un método de aprendizaje de nuestros hijos. En lo personal con este juego de la matatena, en mis hijos en etapa inicial, hablemos de preescolar, han logrado desarrollar su sistema psicomotriz de manera excelente, y el aprendizaje intelectual les ayuda a mentalizar mejor las ideas. Los profesores tiene aún más tarea, enseñarles todos estos juegos divertidos y fomentar en nosotros los adultos el remotar todo esto que ya está casi olvidado. ¡Felices juegos!

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